Todavía no es el momento de retomar mi actividad bloguera. Otras empresas ocupan mi tiempo ahora mismo. He aquí un ejemplo: www.damasco2010.com
¡Hasta pronto!
miércoles 30 de septiembre de 2009
miércoles 15 de abril de 2009
Conductora por derecho propio
Pues oye, que no ha sido tan difícil. Ni salir en segunda en un stop nada más dejar del centro de exámenes ni un camión petardo en la circunvalación han sido suficiente obstáculo para impedir que ya sea conductora por derecho propio (o casi, porque todavía no tengo el papelito que lo acredita).
Casi siete años después de lo que debería, pero me he sacado el carné a la primera, incluso me sobra una oportunidad por si alguien la quiere. Ahora sólo me queda encontrar algún inconsciente que se quiera montar conmigo en el coche para quitarme el cangelo de los primeros días. ¿Voluntarios?
Sin embargo, esta no ha sido la mejor noticia del día. Hoy hemos sabido que Marco ha llegado al mundo. Su madre y compañera de carrera, Lorena, es una campeona. Lo esperábamos para el 1 de mayo, Día del Trabajador, pero se nos ha adelantado y con él nos hemos hecho un poquito más mayores (pero felices como perdices). ¡Enhorabuena!
Casi siete años después de lo que debería, pero me he sacado el carné a la primera, incluso me sobra una oportunidad por si alguien la quiere. Ahora sólo me queda encontrar algún inconsciente que se quiera montar conmigo en el coche para quitarme el cangelo de los primeros días. ¿Voluntarios?
Sin embargo, esta no ha sido la mejor noticia del día. Hoy hemos sabido que Marco ha llegado al mundo. Su madre y compañera de carrera, Lorena, es una campeona. Lo esperábamos para el 1 de mayo, Día del Trabajador, pero se nos ha adelantado y con él nos hemos hecho un poquito más mayores (pero felices como perdices). ¡Enhorabuena!
miércoles 8 de abril de 2009
Mi Semana Santa
Cuando era pequeña, la Semana Santa era una de mis vacaciones favoritas. Todos los años nos montábamos en el Opel Kadett rojo y poníamos rumbo a Zaragoza. Durante el viaje me preguntaba a quién se le había ocurrido colocar Zaragoza tan lejos de Madrid, porque eso de no poder ver a mi abuela (Lala) siempre que quisiera no me gustaba nada.
Recuerdo la casa de mi tia Carmina en la calle Alfonso, con esa cocina tan enorme donde siempre había nocilla de dos sabores, aunque a mi la que más me gustaba era la blanca. En cuanto sentía como retumbaban los tambores salíamos al balcón, desde donde se veían las mejores procesiones. No era muy grande, pero cabíamos todos, y eso que éramos un porrón. O tal vez no, pero yo tenía la vista asegurada. Probablemente porque era un mico.
Me parecía un espectáculo increíble, tanta gente andando junta, tocando todos a la vez y de repente un altar que se movía con el tal Cristo encima. Mis tíos salían en la procesión de Jesuitas y esa la veíamos en la calle. Así me podían saludar cuando pasaban a mi lado, lo que me hacía muchísima ilusión y me aterrorizaba a partes iguales. Porque, aunque sabía que eran ellos, sólo veía un capirote con dos agujeros. Esa era mi favorita. Esa y la del huevo frito, que nunca supe cómo se llamaba, pero me hacía muchísima gracia que fuesen vestidos de blanco y amarillo.
Lo del capirote me trajo más de un problema. Un día, un compañero de colegio me dijo que los cofrades parecían del Ku Klux Klan. Le miré con extrañeza, no me gustó mucho lo que dijo. Pero me gustó mucho menos cuando descubrí lo que había dicho.
Malentendidos aparte, la Semana Santa (en concreto la de Zaragoza) era de mis vacaciones preferidas. Años después llegaron mis desencuentros con la Iglesia, pero todavía hoy oigo los tambores de las procesiones y sonrío al recordar el balcón de la calle Alfonso.
Como yo, me imagino que habrá mucha gente, de distintas ideologías e incluso religiones, para las que esta fiesta forma parte de sus vidas. Ya no es sólo una celebración religiosa, es algo más. No es de unos pocos, es de todos. Algún día se darán cuenta los del lazo blanco.
Recuerdo la casa de mi tia Carmina en la calle Alfonso, con esa cocina tan enorme donde siempre había nocilla de dos sabores, aunque a mi la que más me gustaba era la blanca. En cuanto sentía como retumbaban los tambores salíamos al balcón, desde donde se veían las mejores procesiones. No era muy grande, pero cabíamos todos, y eso que éramos un porrón. O tal vez no, pero yo tenía la vista asegurada. Probablemente porque era un mico.
Me parecía un espectáculo increíble, tanta gente andando junta, tocando todos a la vez y de repente un altar que se movía con el tal Cristo encima. Mis tíos salían en la procesión de Jesuitas y esa la veíamos en la calle. Así me podían saludar cuando pasaban a mi lado, lo que me hacía muchísima ilusión y me aterrorizaba a partes iguales. Porque, aunque sabía que eran ellos, sólo veía un capirote con dos agujeros. Esa era mi favorita. Esa y la del huevo frito, que nunca supe cómo se llamaba, pero me hacía muchísima gracia que fuesen vestidos de blanco y amarillo.
Lo del capirote me trajo más de un problema. Un día, un compañero de colegio me dijo que los cofrades parecían del Ku Klux Klan. Le miré con extrañeza, no me gustó mucho lo que dijo. Pero me gustó mucho menos cuando descubrí lo que había dicho.
Malentendidos aparte, la Semana Santa (en concreto la de Zaragoza) era de mis vacaciones preferidas. Años después llegaron mis desencuentros con la Iglesia, pero todavía hoy oigo los tambores de las procesiones y sonrío al recordar el balcón de la calle Alfonso.
Como yo, me imagino que habrá mucha gente, de distintas ideologías e incluso religiones, para las que esta fiesta forma parte de sus vidas. Ya no es sólo una celebración religiosa, es algo más. No es de unos pocos, es de todos. Algún día se darán cuenta los del lazo blanco.
lunes 30 de marzo de 2009
Los universitarios y Bolonia
Recuerdo con claridad mis años de universidad, tal vez porque no ha pasado mucho tiempo de ello. Dejando al margen el aspecto educativo, mi vida en la facultad se caracterizó por un espíritu crítico y reivindicativo. Nos tocó vivir una época convulsa, y a la vez excitante, haciendo frente a la LOU y la Guerra de Irak, alzando nuestra voz contra la injerencia política en la universidad y contra el abuso del ‘imperio americano’ y la foto de las Azores.
Por eso entiendo a los estudiantes anti-bolonia; el espíritu que envuelve a la manifestación y reivindicación universitaria es ilusionante. Pero no entiendo ni el tiempo ni el fondo de las protestas.
Llegan muy tarde. España decidió hace quince años integrarse en el Espacio Europeo de Educación Superior y, aunque durante este tiempo Bolonia ha sido tan solo una voz susurrada, siempre ha estado allí. Yo escuché y hablé sobre la convergencia europea en mis años universitarios, con profesores y con alumnos. Por aquel entonces ya había voces críticas, normales por otra parte en un proceso de cambio tan profundo como este, pero fueron muy pocas y con pocas ganas de llegar más lejos. Y ahora, cuando sólo falta encender la vela del pastel, quieren que no se haga con harina.
Porque tampoco puedo compartir el fondo de sus protestas, no entiendo como alguien que estudie en la universidad española no pueda aspirar a un cambio fundamental. Ni sé la de árboles que se cortaron con los tochos de apuntes que tuve que empollar y luego vomitar sobre un examen, las prácticas fueron las grandes ausentes, en varias asignaturas ni siquiera vi al profesor más de tres veces y muchos de los que se fueron de Erasmus luego tuvieron que hacer esfuerzos titánicos para recuperar un curso que, al parecer, habían perdido en el sentido académico.
Bolonia permitirá la movilidad europea y cambiará un sistema de estudio ancestral por otro más participativo, con más trabajo individual y en equipo. La universidad no tiene por qué dejar de ser un espacio crítico donde se forme ciudadanos y, desde luego, creo que el hecho de que en las carreras se nos prepare para afrontar el mercado laboral no debe ser una amenaza, sino un derecho.
Por eso entiendo a los estudiantes anti-bolonia; el espíritu que envuelve a la manifestación y reivindicación universitaria es ilusionante. Pero no entiendo ni el tiempo ni el fondo de las protestas.
Llegan muy tarde. España decidió hace quince años integrarse en el Espacio Europeo de Educación Superior y, aunque durante este tiempo Bolonia ha sido tan solo una voz susurrada, siempre ha estado allí. Yo escuché y hablé sobre la convergencia europea en mis años universitarios, con profesores y con alumnos. Por aquel entonces ya había voces críticas, normales por otra parte en un proceso de cambio tan profundo como este, pero fueron muy pocas y con pocas ganas de llegar más lejos. Y ahora, cuando sólo falta encender la vela del pastel, quieren que no se haga con harina.
Porque tampoco puedo compartir el fondo de sus protestas, no entiendo como alguien que estudie en la universidad española no pueda aspirar a un cambio fundamental. Ni sé la de árboles que se cortaron con los tochos de apuntes que tuve que empollar y luego vomitar sobre un examen, las prácticas fueron las grandes ausentes, en varias asignaturas ni siquiera vi al profesor más de tres veces y muchos de los que se fueron de Erasmus luego tuvieron que hacer esfuerzos titánicos para recuperar un curso que, al parecer, habían perdido en el sentido académico.
Bolonia permitirá la movilidad europea y cambiará un sistema de estudio ancestral por otro más participativo, con más trabajo individual y en equipo. La universidad no tiene por qué dejar de ser un espacio crítico donde se forme ciudadanos y, desde luego, creo que el hecho de que en las carreras se nos prepare para afrontar el mercado laboral no debe ser una amenaza, sino un derecho.
martes 17 de marzo de 2009
Estambul
Ciudad más poblada de Turquía. Ocho millones de habitantes. Frío. Lluvia. Hotel acogedor. Terraza con vistas. Desayuno dulce. Aquí tampoco saben lo que es un café con leche.
Santa Sofía. Andamios. Mezquita Azul. Olor a pies. Puestos de castañas en la calle donde te venden castañas frías. Gente que va y viene. Gran Bazar. Sacacuartos de turistas. Laberintos de tiendas. Té que luego son polvos.
Bazar de los libros. Gatos entre las hojas. Guía de Lonely Planet. Está bien leer sobre cosas que ya has visto. Universidad a la que no puedes entrar sin carné. Universitarios. Universitarias sin velo. Mezquita de Suleiman. Hora punta, salen de rezar. Bazar de las especias. Olor a especias.
El Bósforo. Barquitos. Pescadores sobre el puente de Galata. Comida en el restaurante Zinhan Kebap House. Sí.... otra vez kebap. Tranvía. El palacio Dolmanahçe cierra a las 15.30 horas. Son las 16.15 horas. Tranvía de vuelta. Cisterna. Me cae una gota en la cocorota. Espectacular. Un sótano, agua, peces, cientos de columnas y dos medusas. Hipodrómo. O lo que viene a ser un parque.
Cena en Meyhanes. La calle Istiklal me recuerda a Preciados, pero más ancha. Y más larga. Y con un tranvía destartalado en medio. Madre mia, qué ambiente hay en Estambul por la noche. La última en el barrio. El taxista es kurdo. "¿Del PKK?". "Yes. ¡Socialist! ¡Proletarian!"
Resaca. ¿Y el Ibuprofeno? En España. Cáspita. Ha salido el sol. Palacio Topkapi. Legado Otomano. Mil estancias. Mil niños de excursión. Llueve otra vez. ¿Y el paraguas? En el hotel. Recáspita. Comida en el barrio de pescadores, previo atasco. Mmmm... doradita. Sigue lloviendo. Últimas horas. Despedida y cierre.
Estambul me ha gustado. Tal vez no lo suficiente como para escribir una crónica en condiciones, así que dejo unas fotitos.

Santa Sofía. Andamios. Mezquita Azul. Olor a pies. Puestos de castañas en la calle donde te venden castañas frías. Gente que va y viene. Gran Bazar. Sacacuartos de turistas. Laberintos de tiendas. Té que luego son polvos.
Bazar de los libros. Gatos entre las hojas. Guía de Lonely Planet. Está bien leer sobre cosas que ya has visto. Universidad a la que no puedes entrar sin carné. Universitarios. Universitarias sin velo. Mezquita de Suleiman. Hora punta, salen de rezar. Bazar de las especias. Olor a especias.
El Bósforo. Barquitos. Pescadores sobre el puente de Galata. Comida en el restaurante Zinhan Kebap House. Sí.... otra vez kebap. Tranvía. El palacio Dolmanahçe cierra a las 15.30 horas. Son las 16.15 horas. Tranvía de vuelta. Cisterna. Me cae una gota en la cocorota. Espectacular. Un sótano, agua, peces, cientos de columnas y dos medusas. Hipodrómo. O lo que viene a ser un parque.
Cena en Meyhanes. La calle Istiklal me recuerda a Preciados, pero más ancha. Y más larga. Y con un tranvía destartalado en medio. Madre mia, qué ambiente hay en Estambul por la noche. La última en el barrio. El taxista es kurdo. "¿Del PKK?". "Yes. ¡Socialist! ¡Proletarian!"
Resaca. ¿Y el Ibuprofeno? En España. Cáspita. Ha salido el sol. Palacio Topkapi. Legado Otomano. Mil estancias. Mil niños de excursión. Llueve otra vez. ¿Y el paraguas? En el hotel. Recáspita. Comida en el barrio de pescadores, previo atasco. Mmmm... doradita. Sigue lloviendo. Últimas horas. Despedida y cierre.
Estambul me ha gustado. Tal vez no lo suficiente como para escribir una crónica en condiciones, así que dejo unas fotitos.

jueves 5 de marzo de 2009
Una ola para mi
Hoy me merezco un ego-post. Porque esta mañana me he presentado al examen teórico del carné de conducir y he aprobado.
Alguno pensará "pues vaya cosa", pero quien me conozca será consciente de la trascendencia de esta noticia. Si no recuerdo mal, me apunté a la autoescuela a los 17 años, un par de meses antes de cumplir los 18. Cuando me mudé a Logroño, una de las primeras cosas que hice fue apuntarme a otra. Pero en todos estos años siempre he encontado algo más interesante a lo que dedicar mi tiempo, así que el carné de conducir se convirtió en mi particular 'bestia negra'.
Mis reuniones familiares ya eran auténticos martirios: "¿Y cuándo te vas a sacar el carné?". Cuando veía a algún amigo después de varios años me preguntaba "¿ya tienes el carné?". Y si conocía a gente nueva me increpaba "¿pero todavía no tienes el carné?". Pues no, qué pasa, es que es un coñazo. Aunque en el fondo sabía que era algo que debía hacer y la espinita se iba haciendo cada vez más grande.
Hasta hoy. Con 25 añitos voy camino de ser una loca al volante, por fin....
Alguno pensará "pues vaya cosa", pero quien me conozca será consciente de la trascendencia de esta noticia. Si no recuerdo mal, me apunté a la autoescuela a los 17 años, un par de meses antes de cumplir los 18. Cuando me mudé a Logroño, una de las primeras cosas que hice fue apuntarme a otra. Pero en todos estos años siempre he encontado algo más interesante a lo que dedicar mi tiempo, así que el carné de conducir se convirtió en mi particular 'bestia negra'.
Mis reuniones familiares ya eran auténticos martirios: "¿Y cuándo te vas a sacar el carné?". Cuando veía a algún amigo después de varios años me preguntaba "¿ya tienes el carné?". Y si conocía a gente nueva me increpaba "¿pero todavía no tienes el carné?". Pues no, qué pasa, es que es un coñazo. Aunque en el fondo sabía que era algo que debía hacer y la espinita se iba haciendo cada vez más grande.
Hasta hoy. Con 25 añitos voy camino de ser una loca al volante, por fin....
domingo 15 de febrero de 2009
Me gusta la campaña de Patxi
Desde que descubrí el mundo de los blogs y las redes sociales me convertí a la nueva religión, a pesar de que últimamente no tengo mucho tiempo para este pequeño espacio exhibicionista. Las nuevas formas de expresión y de relacionarse son cada vez más populares e, incluso, han llegado a suponer un nuevo caudal de información que los medios clásicos aún no han sabido afrontar.
Y si de política se trata, todavía lo tengo más claro. Después de tanto tiempo criticando el muro invisible levantado entre los políticos y la sociedad a la que representan, Internet ofrece un contacto directo, una cercanía y una accesibilidad que puede llegar a ser la solución a un desencanto preocupante.
Por supuesto, los partidos no han sido ajenos a esta revolución. No tienen nada que ver la campaña de las elecciones municipales de hace dos años con las vascas y gallegas de este. Obama supuso el punto de inflexión y, desde entonces, todos se tomaron en serio estas cosas del ‘feisbuc’ o las bitácoras.
Sin embargo, no todos encajan en el perfil de político 2.0, por mucho que se empeñen. Digamos que a la mayoría se les ve el plumero, están allí porque deben estar, pero comulgan tanto con este mundo como yo con el sermón del domingo.
Por eso me encanta la campaña que está haciendo Patxi López. Lleva año y medio con su blog y otro tanto con su perfil en facebook, lo que le da una credibilidad de la que otros carecen y le libra del oportunismo. Además, utiliza estas herramientas con naturalidad, tanto por la forma de expresarse –se aleja del discurso político puro y duro- como por los tiempos –si no tiene tiempo de escribir lo dice, no es creíble que la agenda de un candidato le permita estar permanentemente en la red-.
Todo ello le permite ir un paso por delante. El pasado viernes se atrevió a mantener una entrevista en directo a través de Twitter. Es verdad que había un moderador que escogía las preguntas y que se enrolló demasiado en las respuestas. Pero el gesto le honra. En un tiempo en el que todos los mítines están calculados al milímetro no cualquiera se atreve con un formato en el que demasiados elementos se escapan al control de los asesores políticos.
Así que, bien por Patxi.
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